Esto va para ti, joven padre primerizo, o casi, que está descolocado ante la llegada del gran día.

Nunca sigas los consejos de nadie y vívelo tan fuerte como puedas. Ese debería ser el único comentario que tendrías llevar al hospital, pero hay varias cosas que te pueden ayudar además de eso.

 

1 Tira el móvil.

No de forma literal, pero sí que debes guardarlo en la mochila. Ponlo en silencio. Avisa sólo a los justos, cuando sea el momento de avisar, no cinco o diez horas antes. Céntrate a ayudar a tu chica, a tu khaleesi, que justo en estos momentos está más débil que nunca. Ahora sí te necesita, y no puedes hacer mucho, pero lo poco que está tus manos, hazlo bien. Haz las posturas de las clases pre-parto, agobia en su justa medida al equipo médico, se las ganas y la voz de tu mujer, porque ella pierde fuelle por momentos. Olvida los grupos de whatsapp y los estados de Facebook, tu vida va a cambiar en unas horas y te aseguro que es mejor recordar todos los detalles, que tener muchos comentarios y “likes”.

Llegado el momento cumbre, no hagas como yo, no intentes sacar el móvil y hacer una foto. Ni Robert Capal podría concentrarse y hacer la primera foto de su hija en ese momento. Tu o yo, tampoco.

 

 

2 Ten una mochila

¿Esa donde antes dije que debías guardar el móvil? Pues además debe contener ropa, de tu chica, tuya y obviamente del cachorro que viene. Además cargadores y pañales de recién nacido (ay pobre, aún no sabes cuántos tamaños y clases hay). Zapatillas y pijama, para las pocas horas que estéis solos los tres. Dentro de la mochila mola mucho que haya chicles, caramelos y demás herramientas que mejoran el aliento. Por ti, por ella, por todos. Mete cepillos de dientes, por la misma razón, y pasta. Pasta de dientes y pasta en billetes y monedas. Vas a necesitar más de la que crees.


Kitkat: Sobre la pasta.

Si eres de Sanitas, o mejor, si tu chicas de Sanitas, la atenderán tan bien como siempre. PERO, estate muy atento, porque la única que está cubierta por el seguro es la madre, cuando el bebé sale de dentro, es un ser humano sin seguro y dado que está naciendo en un hospital privado, la situación puede ser rara. Así que piénsalo bien a la hora de elegir hospital, y si eliges Sanitas o similar, ten otro sobre con pasta extra en la mochila para asegurar a la criatura “al momento” de nacer.


Olvida los libros, iPads y tonterías varias. Los pocos días (espero) que estés en el hospital, no tendrás tiempo de hacer el subnormal, estarás entrando en una nube nueva y te tocará aprender y babear con tu cachorro.

Por último, ten la mochila preparada muchos días antes del día X.

 

 

3 Paciencia

Horas antes del nacimiento, tu chica empezará a abrirse en dos. Como una fusión de Bola de Dragón, pero al revés y sin terminar de dividirse. Es imposible, por suerte, ponerse en su piel. Pero imagina los dolores. Esas horas antes del nacimiento está todo permitido para ella. Tu eres su apoyo, su saco de boxeo y su pañuelo gigante. Su exclavo y su señor. Eres lo que debes ser.

Y cuando empuje, ayuda, como sientas que puedas hacerlo. Quizás apartándote, quizás susurrando. Quizás lo que sea.

Paciencia de nuevo. Piensa que todo el mundo sabe lo que hace. En condiciones normales estarás con un equipo médico que asiste muchos partos al día. El tuyo es el más especial del mundo para ti, para ellos es rutina. Así que, aunque a veces cuesta, confía plenamente en ellos. Si ves algo raro, pregunta, incluso apunta. Pero por lo general, ellos saben más que tu y van a ayudarla para que todo vaya bien.

Sigue abusando de tu paciencia interna. Hasta cuando lleguen las visitas sin sentido, respira hondo y sonríe. Pasados unos días, semanas, las visitas las harán los realmente cercanos y todo volverá a su -nuevo- cauce.

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