Desde que tengo hija los miedos han cambiado mucho de disfraz y suelen aparecer cuando menos los espero. Pero yo también he cambiado.

Ahora me preocupa todo. Tengo miedo del tráfico de Madrid y de las calles excesivamente tranquilas de mi pueblo. Tengo miedo a las piscinas grandes y a las de plástico. Amo a los perros, sobre todo los míos, pero me da miedo pensar en un mordisco o en un arañazo. El colegio me acojona tanto como el parque y sus riñas. Me dan yuyu las noches tranquilas y las silenciosas, casi tanto como las que pasas en urgencias esperando.

Realmente todo me da miedo si abro esa “puerta mental”. Pero es un miedo masticable. Un miedo chicle. Un “Hold the Door” que puedo soportar.

Hodor sujetando la puerta

Lo que ha cambiado en mí es la forma de comérmelo y escupirlo. Poner más atención en todo. Relajarme cuando puedo. Analizar bien el mundo que nos rodea y estar preparado dentro de lo posible para lo que toque. Que nunca será lo suficiente, pero es mejor ir entrenado.

El miedo es ahora ese amigo que te invita a copas un lunes. Es bueno que exista, pero en el fondo es mejor estar en casa con los tuyos viendo juego de tronos.


#ElTemaDeLaSemana es una iniciativa que mola mucho de Papás Blogueros y que es un gusto hacer cada vez que se puede.

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