Soy el padre que se equivoca.
El que camina dos pasos al frente y cinco atrás.
El que pierde los nervios y las gomas del pelo.

Soy el padre que no sabe hablar con otros en el parque,
el que se entretiene con ella y, a veces, el que solo la mira jugar.
Soy el lobo y caperucita. Ella dicta.

Soy un ejemplo a no seguir.

El cansancio, las ojeras y el fumador de etapas.
Soy el que resume la experiencia de ser padre en el bar con un: “mola mucho”. El mismo -tipo duro- que llora hablando de su hija a la media copa.
Soy la calma de un león dormido, el nervio de un suricato, la paciencia del oso con el salmón.

Soy el tío que huele la carne rara, el buscador de espinas y el probador de leches. Telita.

Soy un mal padre. Soy el que lo daría todo, y lo da, para que ellas estén bien. Pero también soy de los que tiene días que no se aguanta ni él.

Soy el tipo que escribe un blog para contar su experiencia y no tiene tiempo ni de tuitearlo.

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