Hace unos días, el fantástico día del padre, mi hija me pidió una nube. Una jodida, grande y blanca nube. Y yo no supe bajar ninguna del cielo. Pero lo intenté.

 

Ese día, el 19 de marzo, ella y su madre me prepararon un desayuno de campeón, con zumo recién exprimido y tostadas con aceite ¨ del bueno¨. Luego nos fuimos a la habitación de la pequeña a despedazar platilinas duras, de esas que se nos olvida cerrar por la noche, y en uno de esos momentos tontos Olivia miró al cielo y flipó con las nubes.

Llevaba todo el día lloviendo suave, y sin darnos cuenta hubo un breve descanso, ahí se abrió el cielo y entró el sol. Y sí, fue un momento bonito, y la pequeña lo observó, se fijó en la forma de algodón de las nubes y quiso una. ¿Quién no?

Cuando tu hija te pide una nube estás acabado. Te puede pedir un Mini, un puñado de regaliz o un autógrafo de Julen Guerrero (qué mayor soy hostia) y lo conseguirás para ella.

Pero ¿Cómo leches puedo conseguir una nube?

Hay tutoriales por ahí, en Ikea puedes hacer una lámpara-nube por menos de 50€, pero con eso no engañas a la cría. Existen nubes de chuchería rosas, pero no son reales. Ni un saco de algodón de tres toneladas es una nube.

Lo único que se nos ocurrió fue irnos al parque y mientras saltaba en los charcos, volvimos a mirar el cielo y le explicamos que aunque existen escaleras, no las hay tan altas todavía. Pero si de verdad quiere una nube, le enseñaremos a construirla para llegar dónde desee.


Actualización: Gracias a una lectora (ole! por María Moreno) me llegan varios métodos fáciles de hacer nubes para los niños, siguen sin ser las inmensas nubes del cielo, pero estoy seguro que a los pequeños les encantará hacerlas:

 

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