Todos los que rodaron la batalla del Abismo de Helm tenían una camiseta que decía “Yo sobreviví al Abismo”, pues ahora yo y mis más cercanos vamos a ponernos una parecida, una que diga “Yo sobreviví al cumpleaños de Olivia”

 

Hace dos fines de semana celebramos el segundo cumpleaños de mi hija. Ella, con sus 24 meses recién estrenados lo vivió a lo grande, con muchísimos regalos, chocolate en vena, amigos a lo loco y mucho ruido. El cumpleaños perfecto para una criatura así. Pero para un padre nervioso, algo obsesivo y bastante despistado, un evento de tal magnitud se convierte en una prueba vital digna de peli de Rosell Crowe.

Muy pocos lo saben, pero la mañana del cumpleaños sufrí un ataque de ansiedad. Uno leve, pero bonito, de los que te suben el pulso a tope, te aceleran la respiración y te dan un pequeño puñetazo en el cerebro cuando apenas llevas veinte minutos despierto.

¿Por qué? Porque sabía lo que venía.

Los adultos nos empeñamos en trabajarnos mucho las cosas que nos importan, queremos los mejores candy bar, los globos más bonitos y la mejor distribución de palomitas. Pero sin un buen equipo se nos va de la manos. Organizar esto sin tiempo es imposible y aún así salió un cumpleaños increíble, gracias a la ayuda de todos; familia y invitados. Eso sí, todos acabamos hundidos y con resaca (de cansancio) al día siguiente. Para la decoración y utensilios Virginia encontró una web con muchas opciones donde elegir, hicimos el pedido y en menos de 24 horas estaba todo en casa. Check. Los globos los encargamos en una tienda cercana. Check. Toda la comida la gestionó y decoró la “lela Carmen” y el restaurante se amoldó a nuestras necesidades. Check, check, check.

Pero el reloj nunca suele correr a tu favor, por eso destaca tanto la gente que bate récords

Nadie contaba con que yo perdiera mi tarjeta de crédito. Ni que el regalo más grande no entrara en el coche. Tampoco tuvimos en cuenta que los abuelos que venían de Úbeda necesitaban un transporte, y comer, y de eso nos encargábamos nosotros mientras veíamos volar las agujas del reloj. Además, la tercera tarta no cuajaba y los dioses se reían con maldad desde el Olimpo. Cada cosa que hacíamos, restaba tiempo y así no es bueno encarar una fiesta. Luego llegamos, como pudimos, cuando pudimos. Pero aprendimos varias lecciones importantes, y aquí están, para mi yo del futuro y el resto de padres que quieran ser precavidos:

  • Planifícalo todo para el día anterior al cumpleaños.
  • Compra, con tiempo.
  • Mide los regalos.
  • Los globos, mejor de llénalos de helio y que no estén a mano.
  • Que sobren las bolsas de chuches para los niños.
  • Los Sandwich con nocilla son los mejores, da igual la forma he tengan.
  • Y el más importante: disfruta tú también.

Consejos simples, vida simple, disfrute pleno.

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