En Semana Santa hemos optado por huir de los tambores y los atascos. Nos hemos perdido por la naturaleza todo lo que hemos podido. Aunque parezca mentira, a menos de una hora de Madrid puedes respirar aire puro y resucitar muy bien.

Desde hace mucho tiempo sabemos cómo vamos a encarar la educación de Olivia respecto a los animales. Lo que yo no tenía tan claro, siendo un ultra en la defensa de estos, es que al descubrirle a la niña varios “bichos”, iba a descubrirme algo a mí mismo.

Buscamos granjas, parques o algún sitio donde ver distintos tipos de animales en cautiverio. Los que fueran, que que estuvieran bien (dentro de lo posible, nada de zoo) y que la pequeña pudiera verlos y descubrir que existen más allá de los cuentos y youtube.

A 40 minutos de Madrid hay un centro donde cuidan y atienden animales nacidos en cautiverio y otros heridos que no pueden vivir en libertad en la naturaleza (Opennature se llama y esta es su web). Eso en sí mismo es una putada, pero intento buscarle el lado bueno y lo tiene.

Nada más entrar, a los pocos minutos de empezar la ruta, nos encontramos con la jaula de los linces. Todos nos sorprendimos y como era justo al principio, después de unos minutos de observación, los demás se fueron a ver las cigüeñas negras que estaban al lado.

Yo seguí allí parado.

Me quedé solo y uno de los linces me miró, me paralizó y caminó hacia mi. Cuando estuvo todo lo cerca que le dejaban las dos vallas de alambre, se quedó parado mirándome el alma con sus ojos claros. Y ni podía ni quería moverme.

Fuero cinco segundos, menos de los que necesitó mi hembra alfa para darse cuenta del “momento mágico” entre el animal y yo. Cinco segundos para que un ser superior me enseñara varios puntos que debo cambiar en mi vida y unas cuantas semillas que plantar en la de Olivia.

La lección que me dio se la resumiré a la pequeña cuando llegue el momento, pero dice -algo- así:

Hijamía, cada paso que des en tu vida, cada moto que conduzcas, el chalet que querrás cuando tengas un sueldazo, el avión que te llevará a Paris la primera vez, ese chicle tonto que te comerás antes de tu primera entrevista… cada tontería que compramos o “activamos” influye en el planeta entero.

Hoy por hoy, toda la naturaleza sufre la existencia del ser humano. Tu padre no forma parte de una generación salvadora, soy la punta de la lanza de millones de personas que desprecian sin saberlo todo lo que están destruyendo. Y esa ignorancia es una de las cosas más peligrosas que encontrarás en tu vida.

Por favor pequeña, antes de comprar un perro que esté moda, antes de tirar una (otra) bolsa de plástico a la basura, antes de “regalar” esa camiseta vieja de la temporada pasada, piénsalo. Piénsalo siempre.

Todo crea o destruye el planeta.
Tu mundo.
Elige bien cuál de las dos opciones te hace ser tú.

El parque del que hablo es este, por si te has saltado el link y realmente merece la pena ir y recordar un poco todo lo que estamos perdiendo.

Pin It on Pinterest