¿Recuerdas esa sensación, en EGB, cuando eras el último en ser elegido para uno de los dos equipos de fútbol del recreo? Pues ir a la pediatra, a la guardería o a cualquier sitio con mi chica y mi hija me hace sentir igual.

Es la situación inversa a pedir coca cola zero y cerveza en un bar. El camarero siempre te pondrá la cerveza a ti, el macho/varón/guerrero, si es mal camarero.

Es una forma de hacer sentirse “menos” al de al lado. Ahora lo llaman micromachismos, pero si hace 25 años eran simplemente puteos, hoy serán “microputeos”. Y sí, deben desaparecer y la mayoría (la triste mayoría) están dirigidos a las mujeres. Y sí, me repito, todos tenemos que pelear para que desaparezcan.

Pero mi cortocircuito se produce cuando ese micromachismo…¿microfeminismo?…microputeo lo hace una mujer hacia mi. No son cosas puntuales. Son muy habituales. Con grandes profesionales en las que pongo toda mi confianza para curar, educar o estar con mi hija. Y cuando llega el momento de la reunión, me desplazan. Y si no hablas, no estás. Yo voy a escuchar, generalmente, pero me gusta que -me- hablen a la cara y no sentirme un roomba sin batería en mitad del despacho.

Insisto, debemos trabajar todos por la igualdad real. Y ese trabajo lleva implícito los pequeños detalles que pueden minarlo todo.

cLas mujeres beben cerveza. Los padres sabemos diferenciar el Apiretal del Dalsy. Y todos podemos equivocarnos y aprender. Simplemente tenemos que tratarnos con respeto. Da igual nuestro sexo, ropa, profesión. KitKat: Aún no comprendo a la gente que come pizza con anchoas, pero cada día intento entenderlos y siempre los respeto. Fin del Kitkat.

Tengo claro que puedo enseñar a mi hija eso, que todos somos iguales. Pero no sé cómo enseñárselo a un adulto sin que suene a ataque directo a su cultura y su educación.

Así que a partir de ahora, ya que me da casi miedo darle al botón “publicar”, contaré las experiencias reales donde siento ese #microputeo hacia mi, para intentar dar a conocer lo ridículo que es a veces.

Y repito por tercera vez, defiendo a la mujer a capa, espada, escudo y hacha. Sé que vivimos en una sociedad muy atrasada aún y que mi “queja” es una tontería comparada con las putas barbaridades que sufren muchas mujeres, pero todos los detalles importan y darlos a conocer es un buen camino para arreglarlos.

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