Hace unas semanas llevamos a Olivia al fisio bronquial y yo no entré en prisión.

Olivia empezó la guardería, por primera vez en su vida, en septiembre. Todo un huracán de emociones y sensaciones nuevas a diario, hasta para los perros. Y como no, también llegaron los mocos y los problemillas de salud semanales.

Llegamos a un punto crítico a las dos semanas de empezar el colegio, los mocos que inundaban los conductos de Olivia empezaban a ser incontrolables y las noches se le hacían muy cuesta arriba. Mis ojeras sin embargo, iban cuesta abajo y sin frenos.

Después de varias visitas a su pediatra y a urgencias, fuimos a Coslada y yo no sabía donde me metía.

Nota para padres, si vas al fisio bronquial lo único que debes saber es que van a semi estrangular a tu hija de manera intermitente durante media hora. Y al terminar, será un ser súper feliz.

Coslada, que para el que no lo sepa, es un pueblo cercano a Madrid, tiene en su haber un centro de fisioterapia bronquial. De estos hay muy pocos y la chica que lo abrió hace unos años fue una de las pioneras en España en ejercer esta especialidad, de ahí su fama. Mucha gente habla del fisio bronquial y simplemente dicen “el de Coslada” y todos saben quién es. Creo que pocos sabemos cómo se llama la directora del centro (mal para su imagen de marca, todo sea dicho) pero son buenas en su trabajo, que al fin y al cabo, es lo que nos importa.

Lo doloroso es ir sin saber qué va a pasar. Sin una breve preparación previa. Sin que te inviten a cenar o una triste tila.

Al llegar tumban a tu cría, en body, y empiezan a masajear la barriga y los pulmones. Con esto consiguen mover los mocos que llevan de okupas ahí demasiado tiempo. Los empujan y empiezan a subir. Según pasan los segundos la criatura se pone nerviosa y su color facial empieza a variar. Luego llega el momento en el que deben provocar la tos que saque los mocos, o el vómito con los mismos, y esto se consigue apretando la garganta suavefirmemente.

Aquí tu instinto animal te pide atacar, pero tu ser social te hace aguantar, porque sabes que es por el bien de tu vástago. Pero aunque tus palabras deben ser de consuelo y apoyo, tus ganas y tus fuerzas van para otro lado.

El proceso de masaje, tos y/o vómito puede durar unos largos 30 minutos. Interrumpidos sólo para limpiezas nasales, algo irrisorio después de lo que acabas de ver y sentir.

Una vez terminado el proceso, tu hija o hijo tardará en salir del shock un poco. Pero será muy feliz. Notarás que respira como nunca. Que sus tubos internos están flamantes y que dormirá mejor que tu. Solamente por eso ya merece la pena pasar este mal trago. El precio no es alto y evitas muchos males futuros. Pero toda la familia que vaya, debería saber dónde va, para lo bueno y lo malo también.

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