Desde Papas Blogueros han promovido una acción para que todos los padres muevan y “descubran” a más gente que también conciliamos, o al menos lo intentamos. A través del hashtag #padresigualitarios puedes encontrar en las redes sociales cientos de experiencias.

Y yo, desde que tengo el blog e instagram, intento contar como es mi vida con hija. Incluyendo el asunto de la conciliación de lleno.

Porque es algo complicado, desde el minuto uno, desde el día que nace y tienes que negociar horas/días libres en el trabajo. Y si no tienes trabajo y quieres disfrutar un mínimo de tus hijos, debes comentarlo en la entrevista. Unas frases que antes no salían de tu boca, ahora tienen que aparecer, para aclarar términos y saber a qué atenerse (ambas partes).

Porque en el fondo, conciliar va ligado a trabajar. No conciliamos con nuestro equipo de rugby o con las cañas que tomamos (tomábamos, quiero decir) con los amigos. Conciliamos con el horario laboral, que para la mayoría ocupa un porcentaje muy alto del día.

 

Mi caso es tan peculiar o común como el de todos. Soy autónomo y trabajo desde casa, hago publicidad, comunicación y diseño para empresas pequeñas y pymes (toma spam!), y eso tiene sus ventajas bestiales, lo sé. Y sus inconvenientes.

En los cuidados de Olivia intento hacerlo todo, igual que su madre, y cuando uno no puede, está el otro apoyando, como espartanos en el muro, escudo y Dalsy en mano siempre. Llevo a la niña a la guardería, después de haberla despertado, dado el biberón, lavado la cara, vestido y regañado (casi todo en ese orden). Luego trabajo como un loco las horas que ella no está y cuando vuelve a casa todo empieza a ser “muy conciliador”.

Por ejemplo, a veces, por las tardes, mientras estás acabando una web ella decide cambiar el color o simplemente jugar con los enchufes y apagar el ordenador. Otras veces me encierro en el estudio y durante unos minutos Olivia se olvida de mi, hasta que me busca y adiós concentración. Otros días trabajas fuera, o vas a ver algún cliente o simplemente no trabajas y estás con ella, haciéndolo todo de nuevo a cuatro manos.

Es difícil mezclar trabajo e hijos en los mismos metros cuadrados, y a ciertas edades, es simplemente imposible. Por eso mi jornada laboral, dado que soy mi jefe y mi becario, se suele dividir en mañanas y noches. Así de fácil y durillo.

Lo bueno de tener hijos es que se te olvida lo bello que es dormir mucho, por eso, cuando hay que apretar en un proyecto, no me importa demasiado acostarme tarde, porque es un precio que suelo pagar otras noches.

Sé que mi caso tiene más ventajas para la conciliación que muchísimos otros, pero también sé lo que significa ver los primeros pasos de tu hija por whatsapp o saber que ha empezado a hablar a través de una llamada. Y esa experiencia es de las peores que se pueden vivir, supongo que si estás en la NASA descubriendo nuevos planetas tiene sentido perderse eso, pero sino, es una prueba más de que el sistema está jodido, y tenemos que cambiarlo.

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